Evangelio Semanal


Santifica El Sábado

No hay mejor forma de profundizar nuestras devociones de Cuaresma que repasar los Diez Mandamientos. Los primeros tres, los cuales se refieren a una buena relación con Dios, son más extensos. Quizás el que más nos cueste a nosotros, que siempre estamos tan ocupados, es santificar las fiestas refiriéndose al día del Señor.

Si tomáramos este mandamiento literalmente, no cambiaríamos a los bebés, los platos quedarían en la mesa y quizás ni siquiera serviríamos las comidas. Los enfermos no serían atendidos y no se haría nada que estuviera relacionado con el trabajo físico. ¿Se considera trabajo al trabajo mental? ¿Y qué hay de cambiarle el pañal al bebé (¡pobrecito!)?

Debemos depender de Dios para discernir de qué manera debemos respetar y santificar el día del Señor en nuestras vidas. La clave de este mandamiento es que Dios nos ha dado un gran regalo: un día entero por semana en el cual somos libres para descansar, rendirle culto a Dios, cantar, celebrar, amar y alegrarnos. Como proclama el Salmo 19 (18): “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón” (19 [18]:8). Nuestro descanso del domingo es un gran regalo que debemos recibir de Dios con alegría, no poniendo peros.